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El corrector ortotipográfico y de estilo: ¿qué es y por qué necesitas uno?

Un corrector es un experto del lenguaje cuyo trabajo consiste en detectar y corregir errores de ortografía, gramática, sintaxis y redacción en todo tipo de textos escritos, generalmente como proceso previo a su publicación. El corrector de textos es un profesional que trabaja en la sombra: si realiza bien su tarea, debería pasar desapercibido. Si lo hace mal, o si se prescinde de sus servicios, sin duda se echará en falta su labor.

La corrección ortotipográfica comprende dos dimensiones del texto:

— la ortografía: el corrector debe conocer las normas generales del sistema ortográfico y estar atento a las faltas de ortografía y de acentuación, al uso adecuado de la puntuación y de los signos auxiliares, de las letras mayúsculas o minúsculas, abreviaciones, onomástica, la división de palabras, etcétera.

— la tipografía: el corrector estará igualmente atento a la composición de un texto y a que el estilo de letra sea el apropiado (redonda, negrita, cursiva, versalita); también revisará los índices, las citas, las notas a pie de página, la bibliografía, los párrafos, apartados y capítulos, etcétera.

Por su parte, en la corrección de estilo se trabaja la corrección gramatical, se eliminan las imprecisiones o errores léxicos y sintácticos, se evitan muletillas, repeticiones, redundancias, etcétera. El objetivo es lograr la coherencia y un estilo claro y sin ambigüedades, respetando siempre el estilo personal del autor.

«¡Ah, pero yo escribo muy bien, sin faltas de ortografía!», dicen algunos escritores…

«Ese trabajo ya lo realizamos nosotros, gracias», dicen algunos editores…

No obstante, tanto el autor como el editor tienen la responsabilidad de ofrecer al lector, que a fin de cuentas es el que paga, un producto de calidad. Os voy a contar una anécdota. Hace un tiempo me encontré, en la primera página de una novela, con esta perla: «el pubis carente de bello». Escalofríos. Al ir pasando las páginas, la lista de errores iba creciendo sin control… Como comprenderéis, rápidamente escribí a la editorial para informar de este problema y de paso ofrecer mis servicios como correctora. La respuesta que recibí fue algo así: «Somos conscientes de que las obras de nuestros autores se pueden mejorar. Por ello son noveles». Para tirarse de los pelos, ¿no?

Hace poco, leyendo La duda, el sentido común y otras herramientas para escribir biende Ramón Alemán, me encontré con esta reflexión: Cuando alguien va a publicar un libro, no acude a un establecimiento de fotocopias, sino a una imprenta, donde trabajan profesionales que realizan un trabajo de calidad. Pero la corrección se obvia, o se da el texto a corregir a un amigo. Y así se pierde calidad y se pierden lectores; en definitiva, se pierden clientes.

En conclusión, la labor de un corrector es imprescindible, pues, si bien los correctores somos seres humanos y siempre se nos puede pasar por alto alguna errata o un error de cualquier tipo —de esos que te saltan a los ojos cuando llega a tus manos el libro publicado y ya no hay nada que hacer—, lo que no resulta tolerable es encontrarse, como lector, con un error tras otro.

Ahora ya sabes qué es un corrector ortotipográfico, a qué nos dedicamos y por qué necesitas uno. En próximas entradas te contaré cómo desempeño yo personalmente esta tarea invisible, silenciosa y solitaria, pero también rigurosa, precisa y apasionante.

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